Cuándo escucho una sinfonía de octubre, cuándo la canícula me impide pensar con claridad y cuándo el invierno me obliga a la introspección y estar retirado como a vuelta de todo, la nostalgia invade mi ser. Pero te tengo a ti eterna Primavera, la más hermosa estación que jamás ha existido, aquella en la que los días no son números y los relojes no existen. Cómo un jardín de luces y sombras que arrebata mi sangre sé que contigo las rosas de Octubre nunca se pudren en los subsuelos de mi corazón y un violinista invisible nos acompañará siempre en los pasos futuros. Ante ti siento la llegada de un instante de eternidad mientras una mágica e inagotable composición de piano suena en mi corazón. Hoy sé que te puedo amar sin límites porque los extremos no cuentan.
¿Cuántas veces podré morir por ti?
No hay comentarios:
Publicar un comentario